Más de una decena de ojos se clavan sobre Adjowa Agossavi. Detrás, un hombre le cubre las espaldas, aunque no hace falta. A pesar de la oscuridad de la sala, donde solo dos puertas dan la bienvenida al sol, se respira la admiración de las personas que esa mañana desfilan por el centro de la líder espiritual de la ciudad de Lalo, en el suroeste de Benín. También conocida por su nombre iniciático, Adji Makpovou, esta septuagenaria suscita una reverencia casi divina. “Mi padre era líder religioso y yo fui la única de mis tres hermanos elegida por los ancestros para heredar su legado”, explica al inicio de la conversación. Una fotografía del padre se despliega en una de las paredes bendecidas por los rayos de sol, lo que suma solemnidad a la estampa.