El cambio al horario de verano es una reliquia del pasado que puede estar afectando negativamente a nuestro ánimo, pero también es una oportunidad para introducir cambios positivos al ganar horas de luz al día
Cambio de hora 2025: el horario de verano llega a España
Como cada marzo, los medios de comunicación avisan de un cambio inminente: la noche del sábado al domingo será más corta. En la madrugada del sábado 29 de marzo al domingo 30 de marzo los relojes se adelantarán una hora, y a las 2:00 serán las 3:00. ¿Por qué? ¿No se iba a acabar con este vaivén constante?
La práctica del cambio horario se adoptó de forma generalizada en Europa durante la década de 1970, impulsada por la crisis del petróleo. El Parlamento Europeo aprobó en 2019 una resolución para poner fin al cambio de hora de verano a invierno (en octubre) y de invierno a verano (el último domingo de marzo). En teoría, se iba a permitir a cada país decidir si mantenían el horario de verano o el de invierno. Pero sigue sin haber consenso entre los Estados miembros, y la decisión final se ha pospuesto hasta al menos 2026. Mientras tanto, el cambio de hora continua.
Con el adelanto de marzo se ‘pierde’ una hora de sueño. Si nos acostamos a medianoche y nos despertamos a las 8:00, estaríamos durmiendo solo siete horas. Por eso se hace el cambio entre el sábado y el domingo, pero, aun así, el ajuste provoca que mucha gente sienta que ha dormido menos, y esto puede llegar a tener consecuencias sobre el estado de ánimo. La opinión pública está en contra. Según datos del CIS, dos tercios de la ciudadanía en España quiere acabar con el cambio de hora.
Los cambios de hora afectan aún más a España, ya que nuestro país se encuentra en un huso horario que no le corresponde. Antes de 1942, cuando el dictador Francisco Franco adelantó los relojes una hora para asumir el horario de Alemania, España estaba en la zona GMT, ya que el meridiano de Greenwich atraviesa nuestro país.
Sin embargo, el ser humano es un animal que se adapta a todo. Mientras la política y la burocracia bloquean tomar la decisión más beneficiosa para la salud colectiva, ¿podemos aprovechar este cambio de horario para mejorar algo en nuestra vida? La respuesta es afirmativa.
Qué ocurre con el cambio al horario de verano
Afortunadamente, la mayoría de la gente puede aclimatarse al cambio de hora en el plazo de una semana. Hay una serie de estrategias para ayudar a que esta transición sea más fácil, como las que ofrece la American Academy of Sleep Medicine (AASM):
Ajustar gradualmente sus horas de sueño y vigilia, acostándose unos 15 minutos antes durante las dos o tres noches anteriores al cambio de hora.
Acostarse a la hora habitual la noche del sábado.
Salir a tomar el sol el domingo por la mañana temprano. La exposición a la luz solar ayuda a poner en hora el reloj circadiano del cerebro.
Hay algunos estudios que indican algunos efectos positivos del cambio al horario de verano, como menor criminalidad, menos accidentes de tráfico (por haber más luz) y ahorro de energía, pero los efectos son mínimos. En el estado de Indiana, en 2006 se decidió adoptar el horario de verano todo el año, y el ahorro en iluminación no compensó el aumento del gasto en aire acondicionado. Con el uso de luces LED, el ahorro energético es aún más insignificante.
A pesar del trastorno, disponer de más horas de luz por la tarde nos brinda la oportunidad de incorporar hábitos saludables y productivos. Estas son algunas sugerencias:
Hacer ejercicio al aire libre
Una opción para aprovechar el cambio horario es dedicar tiempo al ejercicio al aire libre por la tarde, ya sea caminando, corriendo o montando en bicicleta. Muchas personas solo pueden ejercitarse cuando terminan de trabajar por la tarde. Si ya se ha puesto el sol, el cerebro recibe una señal para que la temperatura corporal y el nivel de actividad desciendan. Por el contrario, si todavía hay luz, la energía disponible y el rendimiento deportivo pueden ser mayores. La luz del atardecer, además, ayuda a sincronizar el reloj circadiano, igual que ocurre al exponerse al sol al amanecer. En el caso de la luz del ocaso, nos puede ayudar a conciliar mejor el sueño. Así, obtendremos el beneficio doble de mejorar nuestra condición física y nuestro ciclo de sueño, algo que tienen un gran impacto en el bienestar mental.
Socializar más
¿Qué tal quedar con los amigos a charlar en una terraza o un parque después de trabajar? Un atardecer en buena compañía fortalece nuestras relaciones sociales y familiares, que quizá habíamos abandonado algo durante los días fríos y oscuros del invierno. Socializar con personas afines tiene beneficios inmediatos para la salud, como la reducción del estrés, pero también se ha comprobado que puede producir mejoras en las capacidades cognitivas, en personas de todas las edades, pero especialmente en las personas mayores.
Emprender un nuevo hobby
Aprender una nueva habilidad o emprender una actividad creativa es una de las mejores formas de mantener el cerebro en forma. Los proyectos creativos, como pintar, leer o escribir tienen un efecto muy positivo en la capacidad de concentración y el estado de ánimo. Por su parte, aprender algo nuevo, como un idioma o un instrumento pueden aumentar nuestra capacidad de memoria, ejecución y pensamiento lógico, algo que se extiende después a otros ámbitos de nuestra vida. La ventaja de hacer todo esto cuando todavía hay luz natural es que mejora el rendimiento de nuestro cerebro y la memoria verbal y visual.
Hacer desconexión digital
Cuando es de noche fuera y hace frío, mucha gente prefiere quedarse en el sillón delante de una pantalla, sea la televisión o su teléfono móvil. Pero esto no es lo mejor para nuestra salud física, y tampoco para el estado de ánimo y la salud mental. Tener unas horas más de luz diurna puede ser el empuje que necesitamos para hacer un par de horas de desconexión digital al final de nuestro día. Prescindir del móvil por completo es difícil, pero dejarlo de lado durante un tiempo tiene efectos muy positivos, entre ellos mejoras en los niveles de estrés, satisfacción vital, calidad del sueño y relaciones personales. Aquí lo importante es encontrar actividades con las que llenar ese espacio que antes llenaba el teléfono móvil o Netflix, y qué mejor que aprovechar para dar paseos al atardecer, quedar con las amistades para charlar, salir a correr, escribir, pintar o practicar el inglés, solos o en compañía.
El cambio de hora es un anacronismo que la sociedad rechaza, y que con suerte terminará pronto y nos permitirá tener una vida más acorde con la transición natural de la luz y la oscuridad. Mientras tanto, podemos aprovechar esa hora más de luz solar para cambiar a mejor nuestra vida.
* Darío Pescador es editor y director de la revista Quo y autor del libro Tu mejor yo publicado por Oberon.