El tiempo es grave, un cambio de paradigma histórico, y en estas condiciones, con una sociedad hiperconectada y con acceso a la información de forma inmediata convendría que nos dotaran de debates serios, formados, rigurosos para enfrentar las amenazas reales con proposiciones serias y realistas
No hay necesidad de rearmarse porque vamos a morir todos. El vídeo de la comisaria de igualdad, preparación y gestión de crisis, Hadja Lahbib, nos hace una demostración con su bolso luisvi en un vídeo de X que más parecería una parodia de El Intermedio. Es una buena estrategia siendo conscientes de nuestra debilidad armamentística la de esta comisaria, hacer que Putin y Trump mueran de vergüenza ajena. Estrategias creativas, no descartemos que se haya comprado en Amazon el arte de la guerra y nazca la ocurrencia de alguna frase de Sun Tzu.
Al verlo y proyectarme a mí mismo con ese kit de protección en caso de que, como dice Mark Rutte, para meternos miedo, Rusia mande sus ataques nucleares hacia Madrid en solo 10 minutos me imaginé como uno de esos ganadores de los premios Darwin a quien muere de manera más ridícula mejorando la especie con su desaparición. Porque no me digan que no sería menester recibir ese premio viendo a un periodista salir de casa con una navaja suiza y unas latas de atún al natural del Lidl a la huerta de Fuenlabrada para protegerse de un ataque nuclear pensando que tendría alguna posibilidad de subsistir recolectando acelgas gracias a mi kit de supervivencia mientras escucho Radio Marca, porque esa subsistiría a un ataque nuclear, con mi radio a pilas.
La Unión Europea y algunos países, conscientes de que las medidas de rearme no son lo populares que les gustarían, han comenzado una estrategia de propaganda muy conocida a lo largo de la historia para modular las opiniones públicas que consiste en generar miedo. No voy a negar que tienen la capacidad de funcionar, pero visto con perspectiva, y siendo racional, no puede ser más que una chufla pretender que en un mundo con capacidad nuclear, con armas de última generación y guerras híbridas nos podemos proteger de manera individual teniendo en nuestra casa una maletica con pilas, una radio, unas pastillas potabilizadoras y un kit para hacer fuego.
Yo no tengo problema en guardarme en el trastero de casa al lado de la bici, el ventilador y las cosas de playa el kit de supervivencia. Pero dudo mucho que si Rusia nos ataca con misiles hipersónicos vaya a tener mucha capacidad de supervivencia bajando al trastero a por las pilas y la radio. No sé de hecho si sería capaz de usar el kit para hacer fuego en medio del campo cuando me cuesta sobrevivir con capacidad funcional cuando bajo el perro a las siete de la mañana los días que hace un poco de frío. El kit no me serviría para sobrevivir más allá del tiempo en que fuera consciente que como urbanita mi capacidad para alimentarme por mí mismo decae de manera exponencial cuando el supermercado cierra los pocos días al año en que lo hace y es probable que acabaría eligiendo las únicas bayas venenosas que hay en el poco campo que hay alrededor de mi casa.
No sé si sobreviviría 72 horas con la mochila y el kit de supervivencia. Pero estoy seguro de que alguna hora más podría hacerlo quedándome en casa y tirando de lo que tengo en los armarios con la compra de la semana y acompañado de mi perrete y mi michi. Perdonen la frivolidad de este artículo, pero es que mucho más frívolo es la manera en lo que los líderes de las administraciones que tienen que gestionar uno de los periodos más críticos de la historia contemporánea tratan a la ciudadanía. Igual que a los niños en los que en la Guerra Fría los enseñaban a meterse debajo del pupitre en caso de ataque nuclear. El tiempo es grave, un cambio de paradigma histórico, y en estas condiciones, con una sociedad hiperconectada y con acceso a la información de forma inmediata convendría que nos dotaran de debates serios, formados, rigurosos para enfrentar las amenazas reales con proposiciones serias y realistas. No nos traten como gilipollas, que con esa actitud quizás nos merecemos la extinción.