De la Agenda 2030 al Rearme 2030

Von der Leyen ha elegido ese año emblemático, 2030, para que sea más evidente el volantazo que está dando el planeta entero: si hace dos días el horizonte era el desarrollo sostenible, la justicia climática y social, ahora lo es la guerra

Política para supervivientes – Que vienen los rusos y otras historias de la nueva Guerra Fría. Por Iñigo Sáenz de Ugarte

Tú no te acuerdas porque eres muy joven, pero hace diez años (diez siglos) todos los Estados miembros de la ONU se comprometieron con los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a saber: fin de la pobreza, hambre cero, salud, educación, igualdad, agua limpia, energía no contaminante, trabajo decente, cambio climático… No sigo, que ya veo que te da la risa. El mundo se comprometió a alcanzar los 17 objetivos en 2030, es decir, pasado mañana. Espera, que hay más: también Estados Unidos hizo suya la entonces llamada Agenda 2030, bajo la presidencia de Obama, y por supuesto la Unión Europea, como institución y cada uno de sus países. Todos a una por un mundo mejor. Yo también me río, sí, por no llorar.

A la vuelta de unos pocos años, ya sabes qué pasó: la primera presidencia de Trump enfrió mucho el tema, luego la pandemia de COVID cambió urgencias y prioridades, después la guerra en Ucrania que desbarató los planes energéticos, el ascenso global (y especialmente europeo) de la ultraderecha negacionista, y ahora la segunda presidencia de Trump y las prisas de Europa por rearmarse frente a Rusia.

Ninguna sorpresa con que Von der Leyen lance un plan Rearme 2030, rebautizado eufemísticamente como Preparación 2030 (Readiness 2030), y elija ese año emblemático, 2030, para que sea más evidente el volantazo que está dando el planeta entero: si hace dos días el horizonte era el desarrollo sostenible, la justicia climática y social, ahora el horizonte es la guerra: 2030 es también el año en que, según las autoridades europeas, Rusia estaría en condiciones de atacar Europa, así que debemos prepararnos antes de ese año.

Hasta aquí llegó la multicolor Agenda 2030, de la que seguimos teniendo un ministerio en España. Hasta hace nada el presidente y los ministros llevaban en sus solapas el pin de la Agenda 2030, convertido en símbolo político frente a la ultraderecha negacionista que había tomado la Agenda 2030 como bestia negra y protagonista de sus conspiranoias.

Por decirlo todo, hay que reconocer que el compromiso de los países (especialmente los países más ricos) con aquellos rimbombantes ODS era más bien retórico: mucho discurso, mucho pin, pero ni de coña se iban a cumplir en 2030, incluso sin Trump ni pandemia. En cuanto a la parte climática del compromiso, que es especialmente urgente porque estamos en tiempo de descuento, tanto la Agenda 2030 como el Pacto Verde o el Green New Deal han tenido demasiado de etiqueta verde para gobiernos y empresas, mientras seguían aumentando las emisiones contaminantes y se sucedían las cumbres del clima sin resultados.

Con todo lo que queramos criticar, al menos había voluntad política, programas y, más importante, recursos, dinero, y no poco. En Estados Unidos, Biden se comprometió con la transición energética, mientras la anterior legislatura europea arrancaba con el compromiso del Europarlamento y la Comisión (presidida por la misma Von der Leyen) con el Pacto Verde, destinando fondos milmillonarios para tal fin. Hoy tenemos a Trump desmontando las tímidas políticas climáticas, mientras la actual legislatura europea, la más derechizada de la historia, arranca con un plan de rearme que va a necesitar cuantiosos fondos. Ya puestos, que rebauticen los Next Generation como Next War.

No sabemos si para 2030 Rusia será una amenaza, pero lo que sí es una amenaza real para ese año y posteriores es la emergencia climática. La que hace dos días era la gran prioridad global (y europea), pasó a segundo plano con la pandemia y después con la guerra de Ucrania, y hoy ni se nombra. Pero ahí sigue. Más real que un misil ruso sobre Europa.