Durante los cuatro capítulos de ‘Adolescencia’, esta violencia que nos inquieta y también nos aterra se va entremezclando con la historia. Y la gran pregunta que surge cuando termina es: ¿cómo logramos frenar esta espiral? ¿Cómo protegemos a la infancia y la adolescencia de los gritos, los insultos, el acoso, el maltrato, u otras formas más invisibles de violencia?
¿Queda alguien que no haya visto la serie de moda? ‘Adolescencia’ es la serie de Netflix que se ha colado en nuestras casas en las últimas semanas y ha revolucionado los chats de padres y madres. Porque no es solo una serie. Es también el espejo de una realidad a la que nos cuesta enfrentarnos como familias, pero también como sociedad.
Una de las cosas que muestra, y de la que apenas se habla, es la violencia que rodea a nuestros adolescentes. Una violencia sutil que llega a través de las redes sociales, pero también en los hogares, el aula y la calle a pesar de los cambios que ha habido en los últimos tiempos y de los esfuerzos de las instituciones educativas para promover cambios en este sentido, especialmente a partir de la aprobación de la LOPIVI.
Durante cuatro capítulos esta violencia que nos inquieta y también nos aterra se va entremezclando con la historia. Y la gran pregunta que surge cuando termina es: ¿cómo logramos frenar esta espiral? ¿Cómo protegemos a la infancia y la adolescencia de los gritos, los insultos, el acoso, el maltrato, u otras formas más invisibles de violencia? En Educo llevamos años promoviendo una educación que proteja, acompañando a entidades que trabajan con niños, niñas y adolescentes para que se sientan seguros y puedan desarrollarse plenamente. Eso abarca centros educativos, entidades deportivas y de ocio, organizaciones sociales y centros residenciales de menores.
Y lo primero que pedimos es la toma de conciencia. Porque la violencia hacia los menores de edad existe. Debemos educar la mirada, dejar de ignorarla o pensar que solo está en ciertos lugares o con algunas personas. En Adolescencia queda claro: los discursos violentos se cuelan en la habitación de tu hijo, pero también en el campo de fútbol o el patio de la escuela. Ante esta realidad, es indispensable aprender a identificarla y tener herramientas para poder denunciar de forma segura.
Lo segundo que trabajamos para proteger a los menores de edad que están a nuestro cargo es “el buen trato”. Eso significa eliminar las conductas inapropiadas o violentas, pero sobre todo crear entornos amables y de confianza de forma proactiva, a través de la empatía, la escucha activa, el respeto y el diálogo, entre otras cuestiones. Puede parecer naif intentar dialogar con un niño que actúa de forma violenta. La reacción más natural, y la que hemos aprendido durante generaciones, es la mano dura, el castigo. Pero hay cada vez más indicios que muestran que estos métodos no funcionan como el incremento de los problemas de salud mental entre los más jóvenes, el bajo rendimiento educativo o el aumento de la delincuencia en edades cada vez más tempranas.
Ante las constantes alarmas que saltan en ya sea en las noticias o a través de la ficción, que generan debates y toneladas de opinión, los adultos debemos prestar más atención y asumir nuestra responsabilidad. No solo las familias, también el profesorado, los servicios médicos, la policía, las instituciones que tratan con niños y niñas, o sea, todos los agentes implicados. Y tanto en el mundo offline como en el online. La LOPIVI, aprobada en 2021, nos obliga. Esta ley, pionera en Europa, adopta por primera vez un enfoque integral y preventivo e incorpora justamente conceptos como el buen trato o la generación de entornos seguros, buscando actuar antes de que la violencia ocurra. Además, establece obligaciones claras a nivel estatal, autonómico y local, para proteger y promover los derechos de las futuras generaciones. Ya sabemos que las leyes no son suficientes, hay que poner recursos y voluntad. Este es el mejor trato que podemos hacer con la infancia como sociedad.
Por otro lado, el Consejo de Ministros aprobó hace unos días la propuesta de ley para la protección de los menores en internet, otro paso adelante, aunque está pendiente de aprobación en el Congreso, que incluye obligaciones a las plataformas digitales y sanciones para garantizar la seguridad de nuestros hijos e hijas, pero también la importancia de la formación continua de todos los agentes implicados y el fomento de la alfabetización mediática y digital.
Recordemos que en este tema también es importante fomentar la escucha activa y la participación de niños, niñas y adolescentes, así como garantizar la formación de los colectivos más vulnerables y fomentar el espíritu crítico. En un momento de la serie, el policía se da cuenta de que no está entendiendo los mensajes que circulan en redes sociales y que no se le había ocurrido preguntar a los chavales que las usan cada día. Sería un gran error legislar y organizar la vida de nuestros hijos e hijas sin consultarles. Otra vez puede parecer naif, pero el bienestar de todos está en juego.