Blanco continúa recorriendo los valles de Ocón y del Jubera repartiendo pan y productos de primera necesidad. Ha reducido los días de reparto. Hernández dejó de hacer lo mismo por los pueblos de la sierra, las cuentas no salían a final de mes
Bares rurales, el punto de esperanza de los lugares amenazados por la despoblación y la soledad no deseada
Lleva 13 años repartiendo pan y otros productos de primera necesidad por los pueblos de los valles del Jubera y de Ocón de La Rioja. Comenzó a los 18 años, “se presentó una oportunidad” y como no le gustaba estudiar, Adrián Blanco Martín empezó a recorrer estos pueblos de la geografía riojana. Un negocio que, confiesa, no es viable y en el que continúa porque se considera parte del valle y porque cuenta con otra línea de negocio que le permite llegar a fin de mes y pagar las facturas. Blanco vive en Galilea.
En el pueblo en el más vendo son diez barras, de hecho hay pueblos como San Bartolomé en el que sólo vive un matrimonio y al que cada día le llevaba su barra de pan
Este joven panadero recorría, hasta ahora de lunes a sábado, los 12 pueblos de los dos valles. Comenzaba en Murillo de Río Leza, Laguna de Cameros, Ventas Blancas, Santa Engracia, San Bartolomé y Jubera. Y de aquí, al Valle de Ocón; Santa Lucía, La Villa, Las Ruedas, Pipaona de Ocón, Los Molinos y Aldealobos. “En el pueblo en el que más vendo son diez barras, de hecho hay pueblos como San Bartolomé en el que solo vive un matrimonio y al que cada día le llevaba su barra de pan”. Y dice “le llevaba” porque este panadero ha tenido que reducir la ruta. “El invierno ha sido muy duro”. Y la situación no mejora.
“La semana pasada nos sentamos a echar cuentas”. Y los números no cuadraron, “estamos perdiendo dinero”. La solución, reducir dos días de distribución del pan y del resto de productos a los lunes, miércoles, viernes y sábados. “He optado por unificar la venta y al menos así ahorrar algo de gasolina, porque el día que deje de subir, no va a subir nadie”, advierte.
Adrián Blanco lleva 13 años repartiendo pan
Es consciente de que este no es un negocio viable, pero confiesa que le gusta lo que hace. “En estos trece años, la caída de facturación ha sido bestial, la mayoría de las personas que viven en estas zonas son mayores y cuando se van, no hay relevo generacional”. De hecho recuerda que hace trece años cuando comenzó en este trabajo no repartía por tantos pueblos y la facturación era mayor. “En cinco pueblos vendía más que ahora que recorro más pueblos”. Y a pesar de todo asegura que continuará recorriendo estos valles de La Rioja repartiendo el pan que él mismo elabora y otros productos de primera necesidad por una cuestión personal. “Vivo en Galilea y conozco a todo el mundo de la zona, he estudiado con los nietos y nietas de las personas mayores que cada día me compran el pan”.
Más de 60 pueblos de La Rioja dependen de este “servicio básico”, según Por La Rioja
Una venta ambulante para la que Por La Rioja pide “medidas urgentes” porque la consideran “un servicio básico en más de 60 municipios pequeños que dependen de este tipo de comercio para poder acceder a productos esenciales”. En concreto han planteado un plan de ayudas directas y bonificaciones fiscales destinadas a los comerciantes ambulantes que presten servicio en municipios de menos de 300 habitantes. La formación política calcula que en La Rioja hay más de 65 municipios con menos de cien habitantes, pueblos que “dependen de estos servicios para mantenerse activos”.
En su argumentación alegan que estos servicios “son económicamente deficitarios, especialmente en invierno, cuando la población se reduce. Hay comerciantes que acuden a pueblos con diez o veinte vecinos y vecinas, muchas veces perdiendo dinero solo por un compromiso con su tierra”. Y es que aseguran que localidades como las Trece Villas, los Valles del Jubera, Ocón o Alhama dependen del comercio ambulante para mantener la mínima estructura de servicios y garantizar la calidad de vida del vecindario: “si no hay tiendas, ni transporte, ni acceso a productos básicos, lo que llega es el abandono”.
Hacía unos cien kilómetros cada día de reparto (lunes, miércoles y viernes) y en algunos pueblos sólo vendía unas cinco barras de pan… al final las cuentas no salen
Eva Hernández Blanco en Anguiano
En la familia de Eva Hernández Blanco la venta ambulante de pan por los municipios de la sierra riojana ha sido el modo de vida durante cuarenta años. “Mi abuelo era molinero, mi padre panadero y estuvo 40 años repartiendo pan”. Ella fue el relevo generacional: “cuando se jubiló mi padre, continué yo”. Y durante doce años repartía el pan por Brieva de Cameros, Viniegra de Arriba, Viniegra de Abajo y Ventrosa. “Hacía unos cien kilómetros cada día de reparto (lunes, miércoles y viernes) y en algunos pueblos solo vendía unas cinco barras de pan… al final las cuentas no salen”. Y es que hace tres años que Hernández ya no reparte pan por estos pueblos de La Rioja. Tuvo que dejarlo, confiesa, “muy a mi pesar porque me gustaba mucho este trabajo, no me pesaba el conducir, no me pesaban las carreteras de la zona, pero al final era inviable”. Ahora sigue repartiendo pan, queso que ellos elaboran en la quesería y repostería casera, pero solo en Anguiano, su pueblo. Repartos, como ella dice, “personalizados” y que hace llegar “a las personas mayores que viven Anguiano, pero también a los no tan mayores que están trabajando y necesitan este servicio, yo solo les facilito un poco la vida”. Y es que Hernández es una enamorada confesa de Anguiano y de la vida en un pueblo. Un modo de vida que asegura, muchas personas desearían tener, “pero iniciar una aventura en un pueblo es casi como nadar a contracorriente porque no hay servicios, no hay vivienda y no hay trabajo, se los están dejando morir y vivir en un pueblo es muy atractivo”.
Las ayudas del Gobierno de La Rioja
Eva Hernández no recuerda ninguna ayuda del Gobierno de La Rioja para profesionales como ella o Blanco que cada día recorren las carreteras comarcales de La Rioja repartiendo pan y productos de primera necesidad a una clientela cada vez más envejecida. Sin embargo, desde el Ejecutivo regional aseguran que sí hay una línea de ayudas de la ADER dentro del Plan para la competitividad del comercio minorista. Y es que esta línea considera, entre otros, beneficiarios de estas ayudas a los que desarrollen una actividad encuadrada en el epígrafe del CNAE de comercio al por menor no realizado ni en establecimientos, ni en puestos de venta ni en mercadillos. Entre los conceptos subvencionables, los vehículos de transporte de mercancías (categorías N o asimilables a la categoría M1, clases 30 y 31).