El lehendakari, Imanol Pradales, ha leído en el hotel Carlton de Bilbao, primera sede de Lehendakaritza, la carta escrita por Espinosa al lehendakari Aguirre dos horas antes de ser fusilado por el franquismo en un homenaje que ha contado con la presencia del hijo del que fuera consejero de Sanidad
Alfredo Espinosa, el traicionado y (casi) olvidado único consejero vasco fusilado por el franquismo en 1937
Alfredo Espinosa, consejero de Sanidad en el primer Gobierno autonómico de Euzkadi, escribió cuatro cartas horas antes de ser fusilado por el franquismo: una a su mujer y sus dos hijos, otra a su madre, una tercera a su correligionario Carlos Labra y una última al lehendakari, José Antonio de Aguirre, que decía así: “Excelentísimo señor presidente del Gobierno provisional, señor don José Antonio Aguirre, mi querido amigo, me dirijo a ti en nombre de todo el Gobierno, momentos antes de ser ejecutado en la prisión de Vitoria. Como sabrás, caímos prisioneros en la playa de Zarautz por avería del avión o traición del piloto Yanguas. He sido juzgado y condenado a muerte, y hoy, dentro de dos horas, será cumplida la sentencia. Como ves, tengo firme el pulso y no me asusta la muerte, pero he pasado unos días tremendamente amargos, en espera de ser ejecutado con la terrible inquietud de esperar el minuto en que había de morir”.
“Quiero decirte un ruego antes de que vuelva al seno de la tierra, y es el siguiente: cuando condenen los tribunales a alguno a muerte mi voto desde el otro mundo es siempre por el indulto, pues pienso en que pueda tener madre o esposa e hijos. Y la terrible condena siempre la sufrirán personas inocentes. Pídeles tú a mis compañeros en mi nombre lo que yo te pido y os suplico no emprendáis represalias con los presos que hoy tenéis, pues bastante han sufrido como sufro yo. Al que no esté procesado en estos momentos, ponedlo en libertad, sin que esto quiera decir que no estén vigilados. Dile a nuestro pueblo que un consejero del Gobierno muere como un valiente y que gustoso ofrenda su vida por la libertad del mismo. Diles asimismo, que pienso en todos ellos con toda mi alma, y que muero no por nada deshonroso, sino todo lo contrario, por defender sus libertades y sus conquistas legítimamente ganadas en tantos años de lucha. Que mi muerte sirva de ejemplo y de algo útil en esta lucha cruel y horrible. Mi mujer y mis hijos están en Biarritz. Te ruego que la paga que yo recibía como consejero la cobren ellos allí, y si el triunfo es nuestro, no los abandonéis, sino que de tu gran corazón, espero sepáis atenderlos lo mejor posible, pues no tienen más amparo que yo. Asimismo, te ruego dejen salir de España para dirigirse a Francia a mi padre, el presidente del Tribunal Popular, a mi hermano Manuel, teniente de Infantería, a mi suegro Manuel Gómez Mazo y a mi entrañable amigo Juan Sobiaga, teniente de la misma arma”.
“A todos mis compañeros de Gobierno, un abrazo muy fuerte, abrazo de amigo y hermano de lucha y sacrificio en esta guerra terrible y cruel. Mis pobres hijos, háblales cuando sean mayores de su padre. Diles que les he querido con toda mi alma y que sigan mi ejemplo, que quieran a su pueblo como yo le quise. Y, si puedes, consuela a mi pobre mujer, tú que tienes talento, hazlo, pues pensando en ella se desgarra mi alma. Ayer creo que fusilaron a Lauaxeta, otro mártir más. Hay muchos condenados a muerte. Haced el canje lo antes posible de todos ellos, pues la vida en estas condiciones es terrible y cuanto hagáis por mitigar sus dolores será bien poco, pues todos ellos sufren lo mismo que he sufrido yo y el pobre capitán Aguirre, que conmigo iba a cumplir su deber en Bilbao o en Santander. Cuando tantos compañeros nuestros huían con rumbo a Francia, nosotros íbamos a cumplir con nuestro deber. Él también tiene hijos en Barcelona, no los desamparéis y protegerlos vosotros. Termino, pues no tengo tiempo para más, pues falta muy poco tiempo para la ejecución. Háblales a todos de la virtud del deber cumplido y diles que es preferible la muerte a traicionar las virtudes y el alma de una raza. Te repito lo de mis hijos y mi mujer, no los abandonéis, por Dios te lo pido. Nada más, querido amigo, y siempre Presidente. Un abrazo muy fuerte y ¡Gora Euzkadi! y ¡Viva la República! Cuando la historia nos juzgue a todos, sabrán que nosotros hicimos lo indecible por evitar la muerte a los presos y por conservar el respeto absoluto a toda idea opuesta a la nuestra. Te abrazo hasta siempre. Alfredo Espinosa Orive. Prisión de Vitoria, 24 de junio de 1937”.
Homenaje a Alfredo Espinosa este martes en el hotel Carlton de Bilbao
Esta carta fue leída por el lehendakari Aguirre por primera vez en público en el Congreso Mundial Vasco celebrado en París el 23 de septiembre de 1956. El lehendakari Juan José Ibarretxe la leyó en el 70 aniversario de la constitución del primer Gobierno vasco, el 7 de octubre de 2006. Y esta tarde, la del 1 de abril de 2025 ha sido leída por el lehendakari Imanol Pradales en el hotel Carlton de Bilbao, primera sede de Lehendakaritza, delante de la familia de Alfredo Espinosa durante el acto en el que se le ha reconocido, tanto a Espinosa como a su mujer y sus dos hijos, como víctima del franquismo en aplicación de la Ley 9/2023, de 28 de septiembre, de Memoria Histórica y Democrática de Euskadi por el que se regula este derecho. “Me quedo con esta última idea: ‘Cuando la historia nos juzgue a todos, sabrán que nosotros hicimos lo indecible por evitar la muerte a los presos y por conservar el respeto absoluto a toda idea opuesta a la nuestra’. Una lección de respeto a la vida, la libertad, la democracia y la dignidad de las personas. Un ejemplo para nuestro pueblo, el viejo pueblo vasco. Son los valores que su esposa, Francisca Gómez, inculcó a sus hijos Alfredo y María Victoria. Hoy, en nombre de la sociedad vasca, os agradecemos y reconocemos también vuestro compromiso. La idea de la libertad como compromiso con los demás y con la construcción de un país y un mundo más justo y avanzado. La persona, no el individuo. La persona y su dignidad, por encima de todo, nos interpelan y con fuerza renovada ante el mundo de bloques, nuevos populismos y autoritarismos que se abre camino ante nosotros y que ponen en peligro la democracia”, ha indicado Pradales.
Antes que el lehendakari ha tomado palabra el hijo de Alfredo Espinosa, que comparte nombre con su padre, y que ha querido agradecer el reconocimiento recordando los duros años de la posguerra. “De la guerra puedo decir poco, porque yo tenía 2 años, pero sí que puedo hablar de lo que vino después. Mi madre, con el apoyo del Gobierno vasco, junto a sus hijos y su madre, fuimos exiliados. Vivimos unos años de tranquilidad hasta que nos pilló la Segunda Guerra Mundial y tuvimos que volver a España. Llegamos a Madrid primero y a Bilbao después y vivimos los horrores de la posguerra. De la guerra sé poco, pero la posguerra me la he tragado entera. Aquellos que no respetan la ideología del contrario, que se insultan y se descalifican, nos hacen vivir una realidad horrible. La sociedad española ha conseguido sobrevivir sin odio, que no nos lo vayan a pegar ahora. Gracias a todos por venir”, ha señalado Alfredo Espinosa hijo, visiblemente emocionado. Tras sus palabras, el lehendakari le ha hecho entrega del reconocimiento y se han realizado una foto y un aurresku de honor.
El médico Alfredo Espinosa, hijo y nieto de republicanos bilbaínos, y uno de los principales líderes del republicanismo vizcaíno, fue elegido concejal de Bilbao en 1931 y gobernador de Burgos y Logroño en 1933. Casado con Francisca Gómez Castell, el matrimonio tuvo dos hijos: Alfredo y María Victoria. Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, Espinosa se puso manos a la obra en la defensa de la legalidad republicana como uno de los líderes del republicanismo vizcaíno. Así, integró la Comisaría general de la defensa de la República en Bizkaia, como delegado de Sanidad, y la Junta de Defensa de Bizkaia, como director general de Comunicaciones.
Alfredo Espinosa, el avión que le condujo a la detención y un titular de la prensa franquista
El 7 de octubre de 1936 fue nombrado consejero de Sanidad del Gobierno de Euzkadi, el primer Gobierno vasco, encabezado por José Antonio Aguirre, en representación de su partido, Unión Republicana. Su gestión al frente del Departamento de Sanidad se caracterizó por un espíritu humanitario, fundando la Cruz Roja de Euskadi, colaborando con otros departamentos en pro de la atención a la población civil y en el respeto de las condiciones de los presos derechistas.
El 11 de junio de 1937 Espinosa partió hacia Francia en el buque Warrior con 160 niños del Sanatorio de Gorliz, para ponerlos a salvo. Además, en Francia tenía el encargo de comprar material sanitario para el Gobierno. Al tener conocimiento que Bilbao había caído en manos de los sublevados, lejos de quedarse en Francia a resguardo, Espinosa quiso regresar para reunirse con sus compañeros de gabinete, que se habían trasladado a Santander. Contactó con un piloto de confianza del Gobierno vasco, José María Yanguas Yáñez, al que le pidió que le llevara hasta Laredo. La avioneta, perteneciente a la compañía Air Pyrenees del propio ejecutivo vasco, salió de Toulouse el 21 de junio de 1937, en la que viajaban otras 5 personas más además del propio Espinosa; su secretario Emilio Ubierna, el comandante de artillería José Aguirre Urrestarazu, el jefe de negociado del Departamento de Asistencia Social Eugeni Urgoiti, el mecánico de Air Pyrénées Pablo Martínez y el ciudadano francés George Rouge.
La avioneta, simulando una avería, aterrizó en la playa de Zarautz, donde se había improvisado una pista y se esperaba el aterrizaje de la aeronave. Espinosa y sus acompañantes habían sido traicionados. Todos ellos fueron trasladados al Palacio de Narros, en uno de los extremos de la playa de Zarautz, en donde se les tomó declaración antes de ser trasladados al Convento del Carmen de Vitoria, convertido en cárcel. Allí Espinosa fue interrogado, incidiendo sus captores sobre su actuación en los asaltos a las prisiones de Bilbao. Espinosa respondió que “toda su actuación tendió a encauzar las masas y a evitar que cometieran desmanes”. En la capital alavesa fue sometido a consejo de guerra, dictándose pena de muerte para él y para el comandante José Aguirre Urrestarazu, y cadena perpetua para sus colaboradores en el departamento de Sanidad Emilio Ubierna y Eugenio Urgoiti. El 26 de junio de 1937, sábado, Alfredo Espinosa y José Aguirre fueron fusilados y sus cuerpos inhumados en el cementerio de Santa Isabel de Vitoria.
En Vitoria Espinosa no tiene una calle. Ni siquiera se le menciona en la placa memorialista junto al convento de El Carmen, reconvertido entonces en centro de detención y donde completó su corta vida. El hospital de Osakidetza en Urduliz lleva su nombre, pero el Gobierno vasco no lo utiliza habitualmente en sus comunicaciones oficiales. Con este reconocimiento el Gobierno vasco salda su deuda con el (casi) olvidado único consejero vasco fusilado por el franquismo. “Nos puso el listón muy alto. Fue un ejemplo de tesón, valentía, dignidad, compromiso y sentido del deber en circunstancias dramáticas. Se entregó en favor de las personas más vulnerables. Defendió los derechos de los presos del bando rival. Y reivindicó con hechos la humanización en la guerra. Mantenemos un deber moral como sociedad con una persona, un profesional y un servidor público ejemplar”, ha concluido Pradales en un acto que ha contado con la presencia de la consejera de Justicia y Derechos Humanos, María Jesús San José, el consejero de Salud, Alberto Martínez, la vicelehendakari primera y consejera de Cultura, Ibone Bengoetxea, Alberto Alonso, director del Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos (Gogora) y Jagoba Álvarez, director de Derechos Humanos y Atención a Víctimas.