La ‘casera de los famosos’ de Ibiza usa una empresa de desokupación para recuperar propiedades: «No tenemos donde vivir»

Francisca Sánchez Ordóñez, conocida como Paquita Marsan, ha contratado a D&S Desokupa para que eche a las casi 30 personas que se han instalado en sus inmuebles. Viven entre suciedad y sin agua y varias han sido víctimas de estafas

Un grupo de ‘influencers’ alojadas en una mansión ilegal promocionan en Ibiza un verano de yates y lujo

La vida en El Rancho, en es Canar, era dura, pero tranquila. Sin baños y sin agua, pero con un techo bajo el que dormir. Esa calma extraña duró hasta hace poco más de semana y media, cuando un grupo de trabajadores de D&S Desokupa se plantó en la puerta de entrada para desalojar la propiedad. Solo una de las que posee la polémica empresaria de Eivissa, Francisca Sánchez Ordóñez, conocida como Paquita Marsan. También es solo una de las que la dueña de Casa Lola (derribada por infracciones urbanísticas en 2022) y Casa Paola (en proceso de derribo por el mismo motivo) tiene okupadas.

Decenas de bolsas de basura quitadas de en medio se acumulan en ese mismo acceso donde los ‘desokupadores’ se presentaron hace poco más de una semana para echar a los habitantes de este antiguo alojamiento turístico al que Marsan se refiere como El Rancho. También hay sillas viejas, algún colchón apoyado sobre las fachadas, un televisor roto y cosas viejas que apenas se distinguen entre la amalgama. Es el hogar, actualmente, de unas 25 o 30 personas que terminaron aquí por distintos motivos: algunas engañadas y otras por venganza, al considerar que la dueña de Inversiones Hoteleras Faro tenía deudas que saldar. 

Solo cinco –como cuentan a elDiario.es– han aceptado el trato que les ofrece la empresa de desokupación: entre 500 y 1.000 euros para que se vayan con sus enseres a otro lugar. Aunque la oferta en algunos casos ha llegado a subir hasta dos mil euros que salen del bolsillo de Sánchez Ordóñez, según ha explicado ella misma a este periódico. “Es mentira que se hayan ido unos 20”, afirma Francesca, una de las personas que vive en El Rancho, en referencia a algunas informaciones publicadas en prensa.

Desokupa D&S ha ofrecido entre 500 y 1.000 euros a los okupas. La propietaria asegura que, en algunos casos, ha llegado a subir hasta los 2.000 euros, que ha pagado ella de su bolsillo. Algunos eran okupas por engaño y otros por venganza, ya que consideran que la empresaria de Paquita Marsan les debe dinero

El tono de D&S Desokupa, de momento, es conciliador, pero esa amabilidad, desde el principio, ha tenido una cara B: o por las buenas, o por las malas, comentan los inquilinos. Según su relato, “las malas” supondrá aparecer con perros y obligarlos a salir del complejo a la fuerza. elDiario.es ha intentado, sin éxito, ponerse en contacto con la empresa.


Una de las habitaciones alquiladas donde duermen cinco personas.


Edgar se mira al espejo mientras escucha música de su país, Colombia, dentro de su pequeña habitación.

Mientras tanto, el variopinto vecindario convive en un ambiente cada vez más hostil. Por ahora, tienen luz porque alguien se encargó de pincharla, pero el complejo es víctima del abandono. Hay una cuadra, unas antiguas canchas de tenis y un aljibe de donde beben todos a pesar de que prohíbe el paso de cualquier persona por seguridad. Dentro del edificio, les han cortado el suministro. 

La empresa Llum tenía alquilado el inmueble hace dos años, pero desde junio del 2024 la propietaria firmó un contrato de alquiler con la empresa Fergus Hotels. Desde entonces, Marsan tiene prisa por recuperarlo para que entren los obreros de la compañía que ahora tiene el derecho de explotación, el cebo son 10.000 euros a repartir, que no han aceptado. 

Realquiler de habitaciones

“Me llaman al número oculto para negociar conmigo y me piden 20.000 euros, pero, ¿cómo les voy a dar 20.000 euros?”, expresa la empresaria, que en otro inmueble de su propiedad, el edificio Extremadura, tiene el mismo problema. “Y en el terreno de Casa Lola y en Cala de Bou, igual”. De hecho, uno de los habitantes, que utiliza el pseudónimo de Tyson, se metió primero en las viviendas encima del bar Extremadura (donde hay siete u ocho personas), en la avenida Punta de Arabí, y empezó luego a alquilar ilegalmente en El Rancho. 

El hombre denunció a la empresaria por impagos. “Como decía que le debía dinero, empezó a arrendar habitaciones”, cuenta la propietaria. Yselmo y Mohamed, saharauis, fueron dos de las víctimas de esta “estafa”. “Encontramos a una persona por la calle que tenía casas para alquilar y le pagamos tres o cuatro meses por adelantado”, cuenta Yselmo. Cada mes: 300 euros. “Sin baño y sin agua, ¿sabes lo que es [estar], sin baño y sin agua?”, pregunta retóricamente. Ese sitio era El Rancho.

Uno de los habitantes, que utiliza el pseudónimo de Tyson, se metió primero en unas viviendas y empezó a alquilarlas ilegalmente. El hombre denunció a Paquita Marsan por impagos. ‘Como decía que le debía dinero, empezó a arrendar habitaciones’, cuenta la propietaria

Son las siete de la tarde y están preparando el té en una de las estancias que comparten entre cinco, para romper el ayuno con el iftar, una semana antes de que el Ramadán llegue a su fin. “Nadie quiere vivir en el bosque, ni tampoco en estas condiciones”, reafirma uno de los saharauis. Discurre por los pasillos llenos de suciedad impregnada en el suelo y las paredes, mientras explica que el baño no funciona. Cuando escucha la pregunta “¿Dónde orináis?” suelta un resoplido, con media sonrisa de resignación y encoge los hombros. 

Conduce a sus invitados por hasta el sector del complejo clausurado donde se ha instalado uno de los dos grupos de los saharauis. Francesca los separa entre “los buenos” y “los malos”. Los segundos han generado en los últimos meses problemas de convivencia, los que podría haber, por otro lado, en cualquier vivienda compartida. “Desde que saben que nos van a echar, han convertido esto en un vertedero”, señala la inquilina.


Yselmo y Mohames preparan el te para romper el iftar al atardecer en el alojamiento turístico okupado en es Canar.


Una bolsa de supermercado llena de conservas, en el suelo, en una de las habitaciones okupadas.

“No podemos salir de aquí porque no tenemos donde vivir, en nuestro trabajo no nos ofrecen alojamiento”, añade Mohamed. Aunque si les presentan una orden judicial, lo harán inmediatamente porque “no están contra el Gobierno”, ya que sus padres nacieron bajo la bandera española en el Sáhara Occidental. Sin embargo, no saldrán del sucedáneo de casa que ya han pagado en manos de una empresa privada, añaden. 

Yselmo y Mohamed, saharauis, fueron dos de las víctimas de la ‘estafa’ del okupa que alquila habitaciones. Ellos pagan 300 euros al mes. Están ‘sin baño y sin agua’. El complejo está lleno de basura

Cuando Marsan se dio cuenta de que había alguien sacando rédito decidió contactar con D&S Desokupa, antes, había cedido el antiguo alojamiento hotelero a varios de los que están allí temporalmente, hace más de un año. Pero cuando les pidió las llaves, se negaron a salir. Por otro lado, algunos –que se marcharon desde la presencia de la empresa de desokupación– se han estado dedicando, por lo menos hasta ahora, a la venta de estupefacientes, delatan sus convecinos. 

La cosa está “difícil” y hay “un poco de guerra” entre los que ahora se quieren marchar y los que no. La situación también ha generado trapicheo de habitaciones entre los que se van y los que se quedan. Aunque cada vez que alguien estrecha la mano con D&S Desokupa, se tapia la puerta de entrada para impedir el negocio en negro con las estancias. Edgar, colombiano de Alto Lima y criado en Bogotá, lamenta que les tratan como si fueran “animales”. En caso de tener que irse, también lo hará sin oponer resistencia.


El acceso al perímetro de El Rancho, lleno de basura, muebles y electrodomésticos rotos, entre otros.


Una de las edificaciones del complejo turístico que ha alquilado Paquita Marsan a Fergus Hotels.

Los mismos que en Punta Arabí

Charlie, que ha hecho de portavoz del grupo desde que empezó el conflicto, okupó –cuenta con un claro acento italiano– tras la pandemia el antiguo Club Punta Arabí (también propiedad de Paquita Marsan) después de que este llevara un par de años abandonado tras el cese del contrato con la hotelera Azuline. Estaba allí junto a su hermano, que ahora está enfermo, hasta que fueron desokupados, y luego él se trasladó a El Rancho. Antes de eso, trabajaba de albañil y vivían en el bosque: “No era una situación fácil”.

Los dos hermanos, asegura Charlie, trabajaron en negro para Llum. “Le pintamos el Coral Beach, el edificio que está encima del bar Extremadura, este hotel… y no hemos visto el dinero”, critica. También lamenta que los trabajos que han hecho, al no tener contrato, ahora son difíciles de demostrar. “Creo que tengo vídeos, pero…”. Algo parecido relata Francesca, a quien –asegura– le prometieron que si se encargaba de la limpieza, empezaría a trabajar en mayo.


El aljibe Club Punta Arabí, cuya agua no es apta para el consumo humano, pero que suministra a los okupas.

La empresa Llum, con la que se ha puesto en contacto este diario, sostiene que no tiene ninguna deuda pendiente con los trabajadores y ha señalado que probablemente se trate de un problema de llamamiento por parte de la actual explotadora. También afirma que dejó abonados todos los pagos cuando dejó de gestionar el activo hace dos años y que, por lo tanto, desconoce la composición actual de la plantilla, ha explicado un portavoz.

Por otro lado, los inquilinos que todavía permanecen en El Rancho y que no pretenden aceptar el dinero ofrecido D&S Desokupa ni por Paquita Marsan han hecho un llamamiento para que les asistan de Servicios Sociales. Aunque desde el área de comunicación del Ayuntamiento de Sant Josep han confirmado a elDiario.es que no han actuado en ningún momento en El Rancho porque no se ha registrado ninguna solicitud por parte de las personas que residen en el emplazamiento.  

Proliferación del fenómeno

No fue solo Charlie quien se trasladó desde los antiguos apartamentos Punta Arabí a El Rancho, sino que lo hizo un grupo grande de los desalojados. El italiano se ganaba la vida como ilusionista en el alojamiento turístico sin contrato y explica que prescindieron de él después de que sufriera un accidente menor. Eso fue en el año 2021 y, cuatro años después, continúa en una situación parecida y pidiendo ayuda para mejorarla. 

Contra la okupación de los apartamentos turísticos donde está el famoso mercadillo hippy de es Canar también intervino D&S Desokupa, que terminó con una denuncia en la comandancia de la Guardia Civil después de que varios de ellos prohibieran la entrada a personas que vivían en la propiedad privada. En esa ocasión, más de 150 se asentaron en el inmueble de Marsan con tiendas de campaña, con caravanas y dentro de las antiguas estancias del Club, como publicó en ese momento Periódico de Ibiza.

La situación no es nueva, pero es peor que nunca, según Sánchez Ordóñez, que dice estar desbordada: “Yo ya no puedo más”. Lo que sí sabe es que no va a ceder y proporcionarles más dinero para que se marchen, afirma. Esta empresaria del sector inmobiliario y turístico, que también es una ‘celebrity’ en su ciudad natal, Málaga, ha alcanzado un patrimonio económico elevado alquilando, en algunos casos irregularmente –según el Consell d’Eivissa– sus villas a gente famosa y adinerada. Amiga, según ella, de José María Aznar y Felipe González, con supuestos vínculos con el PP nacional (según apunta Joan Lluís Ferrer, el periodista que destapó la existencia de Casa Lola), también posee negocios en la Península, especialmente en Málaga y Madrid.

Hace apenas dos meses, a finales de febrero, la dueña de Inversiones Hoteleras Faro empezó los trabajos para la demolición de una de sus villas de lujo; Casa Paola, construida ilegalmente sobre suelo rústico y sobre la que recaía una orden de demolición desde el año 2022. También se había impuesto sobre la vivienda una sanción por obras ilegales de 341.000 euros, entre otras, tramitada por el Ayuntamiento de Sant Josep y confirmada por el Contencioso Administrativo de Palma. Mientras derriban una de las mansiones con las que la empresaria del sector hotelero y turístico ha ganado parte de su fortuna alquilándola a celebrities, las personas sin techo continúan multiplicándose en casi todas sus propiedades.