Vera Fauna: «Aunque hayamos fichado por una multinacional, todavía hacemos lo que nos da la gana»

El grupo sevillano presenta este jueves en la Sala Copérnico de Madrid su nuevo álbum, con BMG, en el que cuentan con la colaboración de cómplices como Noni Meyers y Ángeles Toledano

Vera Fauna, la reivindicación millenial de la Macarena

Hace casi diez años, cuando comenzaban a despuntar con su primer sencillo, A | B, Vera Fauna se presentaba como una ruptura con el mercado establecido y una prueba de que lo indie había pasado a convertirse en el do it yourself [hazlo tú mismo]. Ha pasado el tiempo y los sevillanos, fichados por la multinacional BMG, vuelven a ser noticia con el lanzamiento de un nuevo larga duración, Dime dónde estamos, en el que ponen de manifiesto que la mejora de su proyección no ha mermado su esencia.

“Somos un grupo muy cohesionado, todos los miembros somos muy amigos y tenemos una vinculación muy fuerte con el proyecto”, afirma Kike Suárez, voz y guitarra. “A lo largo de este tiempo hemos ido viendo como el grupo aprendía a andar, lo mismo que un chiquillo que se cae, se levanta o mete un quiebro a la derecha. Es así como ha ido haciéndose grande, adquiriendo psicomotricidad y musculatura”.

En efecto, los Vera Fauna de Dime dónde estamos suenan al mismo tiempo robustos y reflexivos, en sintonía con el ideario del grupo. “Se trata de una banda que bebe mucho de la relajación y de la escucha de lo que el propio proyecto va pidiendo. Fichar con BMG no nos ha cambiado, es la vida la que nos ha ido cambiando y permitiendo dar un soporte institucional a lo que hacemos, pero seguimos siendo do it yourself y trabajando en el local de ensayo como siempre. En cuanto al disco, basta con escucharlo para que quede patente que todavía hacemos lo que nos da la gana. Mientras haya libertad creativa y viabilidad, estar en un sitio donde te valoren es siempre una buena noticia”. 

El disco más gamberro

Las primeras noticias en torno a este álbum llegaron en forma de canción de adelanto, ‘Tu voz’, que ha resultado ser “una veta emocional y circunstancial muy productiva”, asevera Suárez. Dicho tema ha marcado la vertebración temática de todo el repertorio, ya que “hay cosas como las migraciones o los cambios que sacuden los vínculos que iban a impregnar el resto de las canciones. Teníamos un núcleo discursivo muy claro y empezamos a tirar bolas en esa dirección, como quien juega a la petanca”. 

En cuanto al sonido de este nuevo trabajo, el cantante reconoce que “hemos jugado más que nunca, el factor diversión ha sido fundamental. Pero no solo queríamos divertirnos, sino también divertir. Eso ha sido clave, nos hemos puesto muchos disfraces, nos hemos metido en muchos ritmos que no habíamos explorado antes, y lo hemos hecho por pura curiosidad. Nos han dicho mucho que es el disco más maduro y reposado de nuestra carrera, pero nosotros estamos convencidos de que es el más gamberro que hemos hecho hasta ahora”.

Como aficionado al flamenco, Suárez saca a colación una anécdota atribuida al cantaor gaditano Santiago Donday, que afirmaba que los cantaores veteranos y maduros hacen con su voz las filigranas que quieren, aunque no tengan el músculo que les asistía de jovencitos. “A nosotros nos está ocurriendo algo así, empezamos a entender las canciones como unidades de significado, cómo hay que seguir la dictadura de una canción, que es algo con lo que te chocas y que te obliga a ir puliendo… Y cuanto más relajado estás, mejor te sale. La relajación hay que tomársela en serio en la música, hagas jazz, thrash metal o, como en nuestro caso, pop”. 

Necesidad de cohesión

“Al final es un disco que habla de vivencias que hemos tenido muy cerca o incluso que hemos experimentado en nuestras carnes”, resume el músico. “Una fotografía de nuestro momento y del de gente que se ve en nuestras circunstancias. El hilo conductor es cómo vivimos esta situación, cómo afrontamos como colectividad las amenazas que se ciernen sobre nosotros. Y antes de decidir cómo atajarlas, debemos preservar el vínculo, comprender que las relaciones humanas pasan por muchos baches y vaivenes, y que esas vinculaciones y el cariño son herramientas poderosas para crear un cambio”. 

En este sentido, y a diferencia del anterior álbum, “este no es un disco político, sino prepolítico. Los años mejores hacía al menos un análisis social y este, sin perder la mirada social, va en otra dirección. La política tiene que ver con el cambio, con la consecución de objetivos de bienestar y la ruptura de desigualdades. Pero antes de eso tenemos que cohesionarnos y darnos cuenta de que nos necesitamos”. 

En cuanto a las colaboraciones, que incluyen nombres tan distinguidos como Noni Meyers y Ángeles Toledano, Vera Fauna asegura que “han sido muy naturales y espontáneas. Ambos son figuras muy admiradas y queridas, de modo que la química fluyó desde el minuto uno. Tanto Noni como Ángeles cogen sus respectivas canciones y las llevan a otra dimensión, porque son algo más que un nombre, todo tiene su significado musical y su encaje estético. Si no los hubiéramos llamado y nos preguntaran a quién querríamos haber invitado, seguramente diríamos que a ellos dos. Es una pasada y un honor verles en nuestro disco”. 

Lucha por el territorio

Cuando se les pregunta por el éxito al que aspiran, responden que “el éxito de una banda es siempre sobrevivir. Seguir juntos y hacer música a lo largo del tiempo. Y que te reconozcas en tu público y tu público en ti, y que haya una interacción positiva, que cada concierto te vaya haciendo crecer sin perder tu esencia. Que el público vea una verdad en ti y le ponga tu música a sus verdades”. 

Con Dime dónde estamos Vera Fauna consolida su lugar destacado en esa escena sevillana que no para de dar muestras de efervescencia, con exponentes como Manola, María Yfeu, Dalila u otros nombres consagrados como Califato ¾ o Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. No obstante, señalan que “el panorama está cada vez más difícil, aunque la gente se organiza cada vez mejor. Los cambios urbanísticos de los últimos tiempos han quitado muchos lugares donde crear, como la Garrapatería o las casas okupas… Y sin espacios públicos ni comunales, las escenas lo tienen difícil. Las disputas por el territorio son ahora muy fuertes”.