El horror en Patiño tras el asesinato de Nadia: «No sabía qué más hacer para dañar a la madre y lo ha pagado la cría»

La psicóloga Yolanda Onandi afirma que»no hay un perfil delimitado» para quienes ejercen la violencia vicaria y pone sobre la mesa que todos los hijos e hijas de familias donde hay situaciones de violencia de género, con o sin sentencia, son potenciales víctimas

El presunto asesino de la hija de su expareja en Murcia ya tenía dos condenas por violencia machista

Para colmo, el mal tiempo; las calles de la pedanía murciana de Patiño, semivacías a las ocho de la mañana, reposaban en silencio este jueves tras pasar unos días complicados. El pasado martes 1 de abril, el asesinato de la pequeña Nadia, de cinco años de edad, a manos de la expareja de su madre adoptiva ha sacudido los cimientos de esta tranquila población del sur de Murcia. 

A las dos de la tarde del martes, Jesús J., conocido como Suso y para quien se ha ordenado prisión provisional, comunicada y sin fianza, recogía a Nadia –antes de lo habitual, según explica Ramona, su madre adoptiva– para llevarla a jugar a un parque de bolas; algo que solía hacer por costumbre, solo que a la hora habitual de regreso, Jesús y Nadia no aparecieron. Esa misma noche, Suso era detenido en la localidad alicantina de Torrevieja como presunto autor del primer crimen de violencia vicaria en lo que llevamos de año.

Tras recoger a la niña, le suministró presuntamente un biberón atiborrado de pastillas –la autopsia determinará cuáles y cuántas–, la dejó en su casa de Llano de Brujas, donde vive con sus padres, y dispuso su huida en dirección a Alicante. Suso hizo, al menos, tres llamadas. Una, a su madre; “he hecho una locura, id a ver a la niña”; otra, a Ramona: “Tu hija ya está en el cielo, y vais a pagar todos por reíros de mí”; y otra llamada a Antonio, un amigo, a quien confesó el crimen. Este último, que ipso facto se puso en contacto con la Guardia Civil, fue quien hizo llegar al presunto asesino a un encuentro con los agentes en Torrevieja, con el pretexto de facilitarle dinero para huir. Este jueves ha pasado a disposición judicial.

Pero en Patiño sigue siendo jueves y la normalidad trata de imponerse sin éxito. Las pocas personas que caminan por la calle mencionan lo sucedido como una “barbaridad”. En el estanco, en el bar y en la floristería; en los bancos frente a la iglesia y en la parada de la línea 29 de autobús; nadie queda a salvo de este espanto. “Yo no conocía a la familia y me enteré anoche de que eran de aquí”, explica una señora junto al colegio José Martínez Tornel; “pero ni falta que hace, qué horror. Cuando estas cosas pasan cerca, parece que son más terribles, pero esto… madre mía. Por nadie pase”.

“Con la niña no pensábamos que se iba a atrever”

En el tanatorio, la familia se hace fuerte entre abrazos y pésames, y el ambiente es, pese a las circunstancias, muy cordial con los medios y las personas que se han desplazado hasta allí. Isabel es la prima de Ramona y madre biológica de Nadia que, con sus cinco años recién cumplidos, era su octava hija; ninguna de las dos ha podido dar ninguna declaración a los medios. En su lugar, sus primos Óscar y Jonathan han hablado sobre el acusado.

Aunque inicialmente, desde Delegación de Gobierno informasen que el individuo, de 48 años, no tenía antecedentes ni denuncias por violencia de género, Jonathan afirma que coincidió con él durante su estancia en prisión hace una década. “Mi relación con él era cordial, no lo veía capaz de hacer eso”, comenta momentos antes de conectar en directo en televisión; “con mi prima era un cabrón y lo sabíamos, pero delante de nosotros nunca le hizo ni le dijo nada porque sabía que no podía. Pero con la niña… con la niña no pensábamos que se iba a atrever”.

Ramona, madre adoptiva de la niña, mantuvo durante nueve años una relación sentimental con el ahora detenido y, según su relato, el maltrato estuvo presente constantemente en su relación, que calificó como “un infierno”, aunque nunca llegó a denunciarle. “Lo que no esperaba es que le hiciera algo a la niña”, repetía una y otra vez este miércoles durante el minuto de silencio que se guardó frente a las puertas del Consistorio de Murcia y al que acudió toda la familia.

Aunque la relación finalizó el pasado verano, cuenta Ramona, el hombre no lo había aceptado y seguía acosándola. “Hasta agarrado a las rejas de la ventana aparecía, estaba obsesionado”, dice otra familiar, cuyo rostro velado de lágrimas se cubre tras unas enormes gafas de sol oscuras. “No la dejaba vivir, era un celoso”. “Ya no sabía qué más hacer para hacerle daño a la madre, y lo ha pagado la criatura”, explica Óscar. A la pregunta de qué esperan de la justicia, Jonathan brama que cuando él ha incumplido la ley, el Estado ha actuado con toda su fuerza y espera lo mismo para Jesús; “que le caiga lo que le tenga que caer, pero que se pudra ahí dentro”.

Respecto a Ramona no constaba denuncia alguna por violencia de género, pero el detenido había condenado en 2010 y 2014 por amenazas en el ámbito de la violencia familiar, por los que llegó a ingresar en prisión dos años, primero, y otro año, después. “Nunca lo denunció por miedo. Pero era miedo a que le hiciese algo a ella, nunca a la niña. De saberlo, habríamos denunciado”.

Violencia vicaria

“La violencia vicaria tiene que ver con la propia dinámica del maltrato y lo único que tienen en común quienes la ejercen es el objetivo de hacer daño a la madre”. Habla Yolanda Onandi, coordinadora del Grupo de Trabajo de Igualdad y Género del Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia, quien asegura que “no hay un perfil delimitado” y pone sobre la mesa que todos los hijos e hijas de familias donde hay situaciones de violencia de género, con o sin sentencia, son potenciales víctimas de la violencia vicaria. “Las cifras son tremendas”.

La finalidad de este tipo de violencia, afirma Onandi, “es dañar a la mujer de la forma más atroz, atacando a su maternidad”. Y no sucede solo cuando se pone fin a la relación, también durante la misma. “Puede tener distintas formas, por ejemplo, desautorizando a la madre”. Pero cuando la relación termina, “esos progenitores negligentes y ausentes” siguen teniendo el privilegio en muchas ocasiones de mantener el régimen de visitas cuando la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia de 2021 permite suspenderlas cuando se dan casos de violencia de género.

Según la psicóloga, “es una medida que no se está aplicando en la Región de Murcia todo lo que debiera, pero la autoridad judicial tiene carta blanca para suspender las visitas e incluso la patria potestad”. En otras comunidades autónomas, explica la psicóloga, “sí que se está haciendo, y si los recursos sociales y las leyes son las mismas, por qué en otros lugares se hace y aquí, no”, se pregunta al tiempo que considera “injusto” que unos ciudadanos tengan una serie de derechos y otros, no.

La politóloga y autora de ‘Hijas del Hormigón’, Aída dos Santos cita a la Asociación Mami refiriendo a la violencia vicaria: “muchas mujeres no se separan porque, mientras sigan con el padre, los niños no están a solas con ellos; es mejor un trauma de padre ausente que dos traumas de padre presente. Los niños se acostumbran mejor a la ausencia de un progenitor que a la intermitencia, que a los padres alcohólicos o maltratadores”.

Blanca Lorenzo Monerri, la letrada que representa a la familia, ha aseverado a elDiario.es Región de Murcia que no pueden aportar gran cosa sobre el proceso porque todavía no ha terminado la autopsia y sigue habiendo declaraciones. Monerri destaca que tanto la familia como ella se encuentran “maravillados” por la humanidad de los funcionarios, la fiscal y la jueza; esperan para Jesús la prisión permanente revisable y han alabado la colaboración de sus padres, que no han puesto problemas en prestar testimonio de los actos de su hijo.