Las bodegas de Castilla-La Mancha que exportan a EEUU tenían desde hace semanas parados los envíos, ante el miedo a los gravámenes del 200% anunciados por Trump el 13 de marzo. Tras conocer que al final serán de un 20%, los productores respiran cierto alivio: «Va a hacer daño, pero es mejor que el 200%»
Los sectores agroalimentarios y de automoción, entre los afectados por los aranceles de Trump en Castilla-La Mancha
La incertidumbre es peor que la certeza. Esta es la impresión que tienen las bodegas que, tras semanas de especulaciones, por fin, el miércoles, pusieron cifra a los aranceles que Donald Trump llevaba anunciando desde que llegó al poder.
Cierto alivio, aunque siguen los temores de cara al futuro porque, del 200% que se había anunciado en principio y que suponía el cierre total de este mercado, al 20% que finalmente se va a imponer a todos los productos de la Unión Europea, hay una gran diferencia y es incluso menor al 25% que se aplicó al vino en la anterior crisis arancelaria (2017-2012) durante el anterior mandato trumpista.
Gran parte de esta inquietud se concentra en Castilla-La Mancha que, con sus 460.000 hectáreas de vid, es el mayor viñedo del mundo. En este territorio conviven las cooperativas productoras de vino más grandes de Europa, con bodegas pequeñas y medianas, como Bodegas Altolandón en Cuenca. Su enóloga y propietaria, Rosalía Molina, ha respirado al saber el porcentaje con el que se va a gravar al vino. “Esto ha sido como con los niños, cuando lo exageras tanto y luego no es tan grave. Entre pensar un 200% y quedarse en un 20%… cierto alivio”, asegura en declaraciones a elDiario.es Castilla-La Macha, aunque “va a hacer daño”.
De hecho, en estas semanas de incertidumbre las bodegas han visto frenadas las salidas del vino al país americano. “Todo lo que estaba listo para enviar lo teníamos paralizado. De hecho, incluso un cliente cuya mercancía ya estaba en tránsito en el barco, nos dijo que si llegaba después del 1 de abril directamente nos lo iban a devolver porque le suponía menos coste pagar el transporte de vuelta y devolverle el vino a cada bodega, que pagar ese 200% de más que se suponía que le iban a repercutir al vino”, asegura.
Rosalía Molina, enóloga y propietaria de Bodegas Altolandón entre sus viñas. IMAGEN: ALTOLANDÓN
Esto no quiere decir que no les vaya a afectar, matiza. “Nos va a afectar mucho”, dice, sobre todo porque el consumidor de vinos caros está dispuesto a pagar ese 20%. Otra cosa es el consumidor medio. “Ese al que nosotros nos dirigimos, que busca un vino como el nuestro con una buena relación calidad precio… pues ahí sí nos va a hacer daño porque para la gente joven no es lo mismo pagar 10 dólares que 15 y estos van a irse a vinos más baratos y va a hacer mucho daño”, argumenta.
Altolandon produce unas 200.000 botellas al año y de ellas vende a EEUU el 10%. La bodega ha ido diversificando mercados con el fin de no tener tanta dependencia del americano. Ya lo pusieron en práctica en la crisis anterior. “Por desgracia ya tuvimos una experiencia mala. Cuando empezamos nuestro principal mercado fue EEUU y tuvimos un problema: el importador cayó y casi morimos con él, así que decidimos diversificar los mercados y no tener uno que suponga un gran porcentaje de la venta por si ocurre algo. Así podemos tener salvación en otros mercados”, apunta.
Sobre la posibilidad de dirigirse a otros países, Rosalía Molina, que pulsa todos los meses la situación mundial en las distintas ferias vinícolas, considera que “el mundo entero tiene problemas. Recientemente, hemos estado en Alemania en una feria a la que acuden importadores de todo el mundo y te cuentan que en todas partes hay problemas”. Por eso no dejará de intentar estar en ningún mercado, ni siquiera el estadounidense. Ha decidido enfrentar la situación. “No vamos a limitarnos, a FENAVIN (la Feria Nacional del Vino) que se celebra en Ciudad Real este año vienen una barbaridad de importadores de EEUU. No hay que bajar la guardia en ningún sitio”, asegura.
“Teníamos todo parado”
Otra pequeña bodega, Garagewine, situada en Quintanar de la Orden (Toledo), centrada en pequeñas producciones de variedades autóctonas y recuperación de viñas, tiene en EEUU un gran mercado potencial.
Jesús Toledo, uno de los dos propietarios de la bodega Garage Wine. IMAGEN: #GARAGEWINE
Actualmente, venden al país americano con un importador de San Francisco y en la última edición de la Barcelona Wine Week contactaron con nuevos importadores de aquel país dispuestos a comprar. La incertidumbre de los gravámenes paralizó todas las operaciones. “Pensábamos en multiplicar incluso por tres el pedido actual que enviamos a EEUU, nos dieron buenas expectativas porque están gustando mucho los vinos. Pero cuando no se sabía y se apuntaba al 200% de aranceles se paralizó todo. Nos enviaron correos diciendo que se quedara todo parado y ahora, con las nuevas noticias, estamos esperando la contrarréplica”, asegura Jesús Toledo, uno de los dos artífices de esta bodega toledana.
“Nuestra producción es de 18.000 botellas, estábamos exportando 1.200 botellas y poder multiplicar por 2 o 3 es muy importante, sobre todo un mercado que pueda ser potencialmente muy destacado para la empresa”, señala.
De momento está expectante, y confía en que como todo el vino europeo va a tener el mismo gravamen, “este 20% sea asumible y las cuotas de mercado sigan prácticamente iguales”.
La importancia del impacto indirecto: los vinos a granel
Respecto a las grandes exportadoras de Castilla-La Mancha que son las cooperativas, el impacto directo será pequeño pero el indirecto será “muy grande”. Así lo ha señalado a elDiario.es Castilla-La Mancha Juan Fuentes Rus, portavoz sectorial de Cooperativas Agroalimentarias, que señala que de los 12 o 13 millones de hectólitros de vino que exporta la región sólo un 5% va a EEUU, y, por tanto, el impacto directo es limitado.
Nosotros producto terminado no exportamos mucho, sino que hacemos más graneles y ‘commodities’, es decir, la base para crear un producto terminado del que buena parte se exporta a EEUU
Sin embargo, hay otro efecto indirecto importante, aclara, “porque nosotros producto terminado no exportamos mucho, sino que hacemos más graneles y ‘commodities’, es decir productos base que salen al exterior para otro tipo de elaboraciones en distintos países de Europa que son nuestros principales mercados, sobre todo Francia, Italia y Alemania. Estas bases van a estos países para crear un producto terminado del que buena parte se exporta a EEUU. Al final es mucho vino nuestro que llega al país americano y eso es importante. No lo tenemos valorado, no sabemos el impacto indirecto, pero entendemos que mucho”, explica con preocupación.
Respecto al porcentaje que finalmente se impondrá del 20% considera que desde un principio “ninguno nos creímos el 200%, lo del 20% es más normal. Hay que tener en cuenta que ese porcentaje es para todos. Estamos todos en las mismas condiciones, con lo cual esto quizás a nosotros incluso nos pueda beneficiar porque hacemos buenos vinos con precios que son los mejores de toda la producción europea”, asegura. En su opinión, ese beneficio estaría en que “haya preferencia por los nuestros frente a la competencia. Los vinos franceses ya son vinos carísimos y si les metes un 20% les afecta muchísimo”, reflexiona.