La consellera Paneque avanza que la cuenca Ter-Llobregat, de la que depende el agua de seis millones de catalanes, se situará en prealerta después de que los embalses hayan superado el 64% de su capacidad
La imagen del fin de la sequía en Catalunya: el agua del pantano de Sau vuelve a cubrir la iglesia
La consellera de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica de la Generalitat de Catalunya, Sílvia Paneque, ha anunciado este sábado que el Govern iniciará el próximo martes la desescalada en las limitaciones de agua por culpa de la sequía en los municipios que dependen del sistema Ter-Llobregat (Barcelona), donde viven unos seis millones de catalanes.
Paneque ha avanzado que el Ter-Llobregat se situará en prealerta después de que los embalses hayan superado el 64% de su capacidad. Además, el sistema del Baix Ter volverá a la normalidad y el del Fluvià-Muga (Girona) pasará de excepcionalidad a alerta. Pese a la mejora, las desalinizadoras continuarán funcionando al 90% de su capacidad y se mantendrán las inversiones para combatir la sequía.
Paneque ha anunciado la mejora de la situación desde el pantano de Sau, símbolo de la crisis de la sequía de los últimos años. El embalse, en la provincia de Barcelona, que llegó a estar al 1% de sus reservas al 1% cuando la Generalitat decretó en marzo de 2024 la emergencia por la escasez hídrica, se ha llenado tras los últimos episodios de lluvias, hasta el punto de que la antigua iglesia de Sant Romà de Sau vuelve a estar cubierta de agua.
“Damos un nuevo paso en la desescalada, levantando las limitaciones del agua en las zonas más pobladas del país”, ha anunciado Paneque, que ha considerado que se empieza a superar “la peor sequía que ha sufrido Catalunya en los últimos 200 años”.
El embalse de Sau, que pertenece al río Ter, se integra a su vez en el sistema de abastecimiento Ter-Llobregat, que es el que distribuye el agua al área metropolitana de Barcelona y a Girona, principalmente. Con las precipitaciones de marzo, esta unidad hídrica se encuentra ahora a más del 60% de su capacidad, cuando hace un año estaba al 16%.
Han sido más de tres años de sequía, que obligaron a decretar la emergencia por primera vez en la historia de la comunidad –en febrero de 2024–, y que dejan unas cuantas lecciones a la Administración y al conjunto de la ciudadanía de cara a futuros episodios de escasez de lluvias y de reservas hídricas. Algunas de ellas tienen que ver con las infraestructuras y las redes de distribución del agua, pero otras son de mayor calado y afectan al modelo económico en un contexto de creciente emergencia climática.
Los municipios que dependen del Ter-Llobregat tienen embalses con una capacidad de 391 hm3, más del doble que hace un mes. Esto permitirá levantar las limitaciones en el uso de agua tanto en el riego agrícola como en los caudales ambientales o usos urbanos.
Con la decisión sobre el Ter-Llobregat, el Baix Ter y la zona de la Muga-Fluvià, nueve áreas de Catalunya estarán en normalidad, cinco en prealerta y cuatro en alerta. Catorce de los dieciocho ámbitos de las cuencas internas no tendrán ninguna limitación en el uso del agua.
Paneque ha remarcado que, pese a la desescalada, las desaladoras seguirán trabajando al 90% para optimizar el recurso almacenado en los embalses y favorecer la recarga de acuíferos como el del delta del Llobregat.
La mejora de las reservas por las lluvias, ha enfatizado la también portavoz del Govern, no deben alejar al Ejecutivo de su hoja de ruta en materia de agua. “No podemos caer en el error de pensar que las lluvias han resuelto un problema, ya que desconocemos cómo va a evolucionar la meteorología en los próximos meses”, ha remarcado.